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19
Jul

Guayaquileños que se han criado entre guasmos, pijíos, ceibos y caobas ratifican importancia de conservar los árboles patrimoniales de la ciudad

Sombra, aire fresco, visita de aves y otras especies, entre los beneficios de vivir a lado de los ‘gigantes verdes’. Organizaciones ven con positivismo la apertura del Municipio de Guayaquil para preservar ejemplares icónicos.

Es imponente y puede ser detectado a cinco cuadras de donde está sembrado. Te sientes minúsculo cuando te paras junto a él, ya que pasa los 30 metros de altura. Por algo es considerado la especie más alta del bosque seco. Se trata de uno de los últimos árboles pijío que se encuentran en el sector de Monte Sinaí, al noroeste de Guayaquil.

Se estima que tenga más de cien años y su majestuosidad contrasta con las calles polvorientas y casas a medio construir de la zona.

En esta época no posee hojas, pero eso no opaca su belleza. Al verlo, no se entiende cómo el hombre lo ha arrasado al nivel de que su estado de conservación es crítico.

Uno de los últimos árboles pijío que hay en el sector de Monte Sinaí es considerado patrimonial.

Desde el terreno donde está el pijío se puede divisar un frondoso guasmo que irrumpe en medio del terreno aplanado para el cementerio municipal del sector construido por la actual pandemia. Toma 2 o 3 minutos de caminata pasar de una zona a otra.

El día no era soleado, pero estaba presente la sofocante humedad que caracteriza a la ciudad. Sin embargo, la sensación cambiaba a frescura al acercarse al guasmo de más de 70 años. Uno de los cuidadores del panteón afirma que lo “cuida” y lo riega a menudo, ya que da sombra: “Lo tengo bonito”.

Un guasmo de al menos 70 años se encuentra en el cementerio de Monte Sinaí. Foto: José Beltrán.

En cambio, a 40 minutos del cementerio, en carro, en plena zona residencial y esquivando cables eléctricos y telefónicos se encuentra un monumental árbol de caoba. Su copa sobresale de toda la calle Bálsamos, en Urdesa.

El ejemplar está en el garaje de la casa de María Mercedes Guevara Leví y fue plantado hace 70 años por sus abuelos.

Cuatro generaciones de su familia han crecido con el árbol. María Mercedes comenta que varias personas quisieron comprarle la casa a su madre, la famosa cantante Mireya Leví, pero su progenitora exigía a los compradores una sola condición: mantener el árbol. Al tener respuesta negativa, la venta nunca se concretó.

El árbol de caoba esquiva los cables de electricidad. Foto: José Beltrán

María Mercedes dice que a ella no “se le ha pasado por la cabeza” talarlo, pese a que las raíces ya han ocasionado daños pequeños, pero visibles en el piso del garaje. “Es el mejor y más bonito árbol que hay en Urdesa”, afirma riendo.

La sombra que brinda, la energía que emana y el zumbido de las abejas que llegan hacen de esta caoba un árbol monumental.

En el 2017, se estimaba que había solo 4.000 caobas a nivel nacional. “Da aire puro. Mi mamá decía que este árbol no se cortaría nunca y lo ratifico”, señala María Mercedes.

María Mercedes Guevara Leví y su familia no han pensado talar su árbol de caoba. Foto: José Beltrán

En tanto, en la esquina de Guaranda y San Martín, centro-sur de Guayaquil, dos enormes ceibos embellecen el paisaje del barrio. Los moradores cuentan que turistas extranjeros se toman fotos con los árboles.

El sonido de loros y pericos que hacen de estos ceibos su hogar y zona de descanso a ratos es ensordecedor.

El ruido de las aves es hermoso, ya estamos acostumbrados”, dice Marjorie, de 70 años de edad. Cuenta que estos árboles fueron sembrados cuando ella tenía 10 años.

Indica que plantaron tres ejemplares, pero que el choque de un auto destruyó uno. Luego, para protegerlos, ubicaron llantas alrededor de los ceibos hasta que crecieran lo suficiente.

Marjorie afirma que hay muchas ventajas de vivir a lado de un árbol patrimonial. Foto: José Beltrán

Tanto el pijío como el guasmo, la caoba y los dos ceibos integran la lista de los primeros 200 árboles y arboledas patrimoniales de Guayaquil. Los dueños de predios privados donde están sembrados los ejemplares y organizaciones ambientales ven con positivismo la apertura del Municipio de Guayaquil para preservar estos árboles icónicos.

La selección de los 200 árboles y arboledas la realizó Fundación La Iguana en el marco del cumplimiento al premio ambiental Guayas y Quil, otorgado por el Municipio y que busca la conservación del Patrimonio Natural, dice Bolívar Coloma, director de Ambiente del cabildo.

El proceso es parte de la estructuración de la ordenanza de Árboles y Arboledas Patrimoniales que realiza La Iguana desde 2017 y que actualmente está en análisis por las autoridades locales.

Este artículo fue publicado por diario El Universo el 1 nov 2020

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